Yo lo conocí…

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Todos los domingos voy con mi abuela. Ella es de Pueblo Nuevo, el barrio popular más antiguo de Mexicali. Cada domingo el mercado sobre ruedas se pasea entre la gente de PN; es así como se abrevia Pueblo Nuevo. Desde la cuarta hasta las once llega la vendimia. Mis tias y mi hermana venden ropa, tamales y todo lo que se deje comprar por la raza que busca algo barato para usar o comer La enramada de la casa de mi abuela es la base de venta, de recuerdos, de chistes, de resolución de problemas familiares, entre otras cosas. Sillones viejos, risas, coca colas, café y tes para aliviar alguna enfermedad llenan el espacio de la casa de adobe de mi abuela.

Mi abuela nos cuenta anécdotas de Caleto, mi abuelo. Los bisnietos y nietos que no lo conocieron tratan de cachar con sus orejas las palabras que salen como hits bateados por la boca de la abuela y de las tias.

Rusa. Le dice mi abuela a una de sus hijas. Te acuerdas del pino salado que estaba en la casa de Irma… pos resulta que el otra vez que regrasaba de Calexico miré a uno de los amigos de tu papá estoy segura que era él, el Lupón. Estaba sentado en el parque Chapultepec. Mijita pero pos me asuste mucho, este Lupón desapareció hace varios años…  estaba igualito. A lo mejor todavia anda ayudando gente. Yo nunca le hablé, nomás lo miraba en la esquina debajo del pino de la Irma echarse sus caguamas con los hombres. Tu abuelo contaba que el Lupón ayudaba mucho a la gente, al parecer este señor era emigrado y trabajaba en los trokes que llevan cosas pal otro lado.. Según su papá, el Lupón pasó pal otro lado al Panchillo y a otros más del barrio. Ustedes no lo conocieron.  Venia pocas veces…

Mientras mi abuela contaba la historia de la vez que vio al Lupón yo iba recordando cosas que no podría evocar por mí mismo.

Una vez. estaban el Panchillo, Rubén Quintana “El Tiburón”, la Juanita hermana de “El  Tabaco”, que fue novia de mi abuelo Caleto, que en palabras de mi abuela era cabrón el viejo. Era una media barda roja y en medio de los ladrillos tenia pintado   blanco, un pino salado abrazaba las conversaciones de aquellos, la casa de la Irma, una mujer wera a webo y con lentes estaba en el callejón Puebla a un  lado del taller mecánico del  Ojeda, un gordo velludo con lentes, que ahora se me afigura al “Mostachón”, un personaje de los “Polivoces”.  Es aqui en donde mi abuela sitúa la anécdota. Yo recuerdo bien la historía de mi abuela.  Yo la viví, recuerdo que mi abuelo me llevaba en sus hombres. Cruzamos la calle para acercarnos a los compas de Caleto. Estaban pisteando, fumando y riendo. Yo los miraba gigantes, me llamaba mucho la atención la Juanita, su voz ronca, chaparrita, shorts livais, guaraches y camiseta morada. Mis ojos se perdían en sus tatuajes. Todos me cargaban, yo era un morrillo. Era fantástico pasar por las alturas de unos brazos a otros, los últimos me pondrían sobre la media barda de la Irma. Mi abuela seguía contando, ayudándome a ver el recuerdo más nítido, como si su lengua fuera la franela con la que se limpian los vidrios de los carros. Las palabras de mi abuela eran manos que cogían mi mente y la guiaban por el túnel del recuerdo. Pos ahí se la llevaban con la Irma y de vez en cuando pos ahí andaba ese Lupón, que les cuento decía mi abuela.

Entre risa y cariños que me hacían los amigos de mi abuelo llego un carro. Ahora se que era un Buick Regal color vino o guinda. El carro se estacionó justo a un lado de la barda en la que estábamos los amigos de mi abuelo y yo. Todavía el señor no se bajaba cuando el Panchillo un chuco chaparrito, moreno y con voz de susurro saludó al señor, eselé Lupón, es ahí cuando me di cuenta de que yo conocí al Lupón, ese que cuenta mi abuela. Es más a mí, el Lupón me regaló una gorra azul que tenía escrito con blanco Riverside, así decía la gorra Riverside lo recuerdo bien, cuando el Lupón me regalo la gorra, recuerdo que él me la puso. ¿Es tu nieto este werito Caleto? Dijo el Lupón con su voz ronca. Sí. Respondió mí abuelo. Es el campeón. Yo estaba sentado en la barda con mis pies colgando pegándole a la barda con mis talones. Cuando el Lupón me ponía la gorra. El Lupón era un señor blanco con pelo negro corto, recuerdo que esa vez traía un livais azul, una camisa de franela roja con negro, una camiseta blanca  y botas lechugueras color café. Sus ojos eran negros y caídos. Tenia finta de chuco. Sus dedos eran grandes y chatos, eso lo supe cuando me agarro los cachetes y le pregunto a mí abuelo si yo era su nieto. El Lupón era suave, esa mañana a todos les regalo algo.

Ahí estabas tu mijo. Me dijo mi abuela.Yo estaba perdido en la líneas que se forman en la tierra cuando la mojan. Ni te has de acordar buki tabas rechiquito. Y así me quedé  mirando la tierra mientras mi abuela seguía con otra historia que mi abuelo le contó sobre el Lupón. Hoy del Lupón se hacen altares y dicen que hasta santo es. Lo unico que se, es que todos lo hombres creen algo, y creo que el Lupón es la esperanza de que todavía hay gente buena en el mundo.

Manuel Carreón.

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